Llevo bastantes días sin escribir desde que lo hiciera para referirme al procesamiento triple a Garzón. Me ha podido la desgana. La amplia sucesión de asuntos y acontecimientos deplorables, las vilezas de alguna gente, algunas tragedias, etc. me han sumido en este bajón.
Las causas contra Garzón continúan. Esperanza Aguirre llama a la rebeldía. La Iglesia Católica y la pederastia una y mil veces más, con su Papa, sus obispos, sus curas, su Opus, sus legionarios, etc. La soberbia y mentecatez del tal Neira. El PP y su desfachatez ante los casos de corrupción Matas, Gurtel, Fabra, Soria y tantos más. Cuba, la revolución y sus disidentes en huelga de hambre. El impresentable debate, llamado de la nacionalidad, en el Parlamento de Canarias. España y la crisis, Zapatero y los especuladores, el Banco de España y los despidos, los sindicatos y su enojosa atonía. La violencia hacia las mujeres que persiste. Tantas y tantas cuestiones me han tenido atorado, la verdad.
Sin embargo, en todo este maremágnum gris y sórdido, escuché por la radio hace unos días a Carlos Taibo. Le entrevistaban sobre "el decrecimiento", una línea de pensamiento económico, social y político que me pareció enormemente interesante. No es nuevo este planteamiento, aunque sí para mi, que surge al parecer en los años 70, pero lo creo realmente revolucionario. El capitalismo, con todos los matices que se quiera, asentado en las prácticas económicas socialistas y comunistas, parecía que no dejaba espacio a ninguna otra alternativa plausible a su lógica perversa. Por ello, escuchar sobre el decrecimiento me supuso un estímulo que necesitaba.
Sin embargo, en todo este maremágnum gris y sórdido, escuché por la radio hace unos días a Carlos Taibo. Le entrevistaban sobre "el decrecimiento", una línea de pensamiento económico, social y político que me pareció enormemente interesante. No es nuevo este planteamiento, aunque sí para mi, que surge al parecer en los años 70, pero lo creo realmente revolucionario. El capitalismo, con todos los matices que se quiera, asentado en las prácticas económicas socialistas y comunistas, parecía que no dejaba espacio a ninguna otra alternativa plausible a su lógica perversa. Por ello, escuchar sobre el decrecimiento me supuso un estímulo que necesitaba.
Imagen: Obra de Munch

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